La esquizofrenia es un síndrome clínico, es decir, no existen exámenes de laboratorio o imágenes que permitan hacer el diagnóstico de la enfermedad, sino que deben cumplirse una serie de criterios clínicos.
Tiene un curso variable, por lo que hay pacientes que tendrán síntomas toda la vida, de mayor o menor intensidad, y otros tendrán síntomas mínimos que no interferirán en su desempeño social ni laboral.
Es una enfermedad que habitualmente se inicia en la adolescencia o adultez temprana, y si no es bien tratada puede generar discapacidad y un gran sufrimiento en la familia y personas cercanas.
Las causas de la esquizofrenia implican factores genéticos y ambientales.
Una característica importante es que esta patología frecuentemente se asocia a comorbilidades que hacen más difícil su tratamiento y que empeoran su pronóstico. Los cuadros asociados son los trastornos depresivos, los trastornos ansiosos y el abuso de alcohol y otras drogas.
En términos generales, los síntomas de esta enfermedad se dividen en cuatro grupos:
Síntomas positivos.
Se les llama síntomas positivos, aludiendo al signo (+), ya que son elementos o característias que la enfermedad le “agrega o suma (+) al paciente”. Corresponden a las distorsiones de la realidad que se pueden expresar a través de las alucinaciones y delirios. Se agregan también las alteraciones en la forma del pensamiento, por ejemplo pensamiento circunstancial, pararrespuestas, pensamiento laxo, etc.).
Síntomas negativos.
Los síntomas negativos (-) son elementos que restan características al funcionamiento general de la persona que está con la enfermedad. Como ejemplos tenemos el aplanamiento afectivo, la pobreza del lenguaje, la abulia y la apatía. Este grupo de síntomas es el más difícil de tratar y en la mayoría de los casos es el principal causante de la disminución de la funcionalidad.
Síntomas afectivos.
Los síntomas de la esfera afectiva pueden aparecer en distintas etapas de la enfermedad, pero habitualmente no son los síntomas predominantes. Como ejemplo, se puede observar ansiedad, euforia, afecto heboide, aplanamiento afectivo y ambivalencia, entre otros.
Los pacientes con síntomas afectivos muy prominentes tienden a ser clasificados como esquizoafectivos.
Alteraciones cognitivas.
Los síntomas cognitivos pueden aparecer al inicio de la enfermedad e incluso antes que los otros síntomas. En algunos pacientes, las alteraciones en la capacidad para pensar son leves o indetectables. Como ejemplo, se pueden mencionar problemas en la atención, disminución de la concentración, pensamiento concreto, fallas en la orientación y disminución de la memoria de trabajo.
Estos síntomas pueden agravarse si es que existen muchas crisis psicóticas a lo largo de la vida y también por el uso de algunos medicamentos durante muchos años.
